Blog de wilsonmolinares

La ola y el Cangrejo


Era Dani, un joven cangrejo que acostumbraba a usar lentes oscuros todo el tiempo.

En  las tardes, antes del ocaso, el joven caminaba hasta las rocas más altas del muelle en el paseo de la Cruz y el mar en Puerto la Cruz, para alimentarse de la carroña que dejaban los pescadores y las gaviotas.

Su vida era bastante cómoda y fácil, sólo tenía que despertar, colocarse sus lentes y salir a buscar algo para comer, juguetear en la orilla de la playa y luego entregase a los brazos del Dios de los sueños.

Sucedió así que un día cuando el cangrejo salió de su agujero para buscar comida, no encontró nada más, que humedad sobre las altas rocas del muelle.

Pero Dani no desesperó, parecía no darle importancia si comía o no, aquel día.

 Al día siguiente cuando salió de su agujero para buscar comida nuevamente,  sobre las rocas mas altas del muelle no encontró resto de carroña alguna, solo persistía la humedad.

- Alguien se está llevando mi comida. – Pensó el joven y  acomodando sus lentes sobre su rostro dijo:

- Tendré que hacer algo al respecto si no quiero morir de hambre.- 

Entonces el joven cangrejo de lentes oscuros, decidió despertar más temprano de lo acostumbrado y salir por su comida.

Cuando llegó al muelle, vio muchas gaviotas volando y sintió temor de acercarse, era muy peligroso, lo mejor sería esperar a que las ruidosas aves saciaran su hambre y se alejaran. Al fin y al cabo, ellas siempre le habían dejado algo de comida fácil.

No era momento de querer cambiar las cosas, así que entonces, el joven cangrejo de lentes oscuros, se escondió detrás de los maderos de un viejo bote abandonado. Allí esperó hasta que la más pequeña de las gaviotas partiera.

Dani sonó sus tenazas de alegría pues podía ver con claridad, que sobre las rocas más altas, había quedado suficiente carroña para saciar su hambre.

- Me daré un banquete.- Pensó.

 Salió corriendo en busca de su comida, pero antes de pisar las rocas del muelle, vio algo que nunca jamás había visto.

Desde el centro del mar, se levantó una ola tan grande y tan fuerte, que logró alcanzar las rocas más altas del muelle, y las golpeó con tanta fuerza que no dejó nada más que sólo humedad sobre las rocas.

El joven cangrejo se asustó y salió corriendo para su casa. Mientras corría pensaba:

- ¡Que ola tan grande! Pudo haberme matado. Pero se robó toda mi comida... Tendré que hacer algo al respecto si no quiero morir de hambre.-

 Al cuarto día, luego de colocarse sus lentes, Dani cubrió su cuerpo con algas y hojas, disfrazando su caparazón con el camuflaje de la playa.

Salió de su agujero, caminó al muelle y se escondió tras una roca. Desde allí, podía ver a las gavi.otas devorando la carroña, Dani se armó de valentía y caminó lentamente hacia donde estaba la comida, esperando que ninguna de las aves se diera cuenta de su presencia, de lo contrario pasaría a ser un bocadillo para  las gaviotas hambrientas.

Muy despacio se acercaba a las aves, buscando un pedacito de carroña, llevaba sus ojos muy atentos a cualquier movimiento extraño o sospechoso de las devoradoras. Todo parecía marchar bien, estaba seguro de que nadie notaría su presencia, pero no fue así.

Cuando estuvo a punto de tomar con sus tenazas un poco de la carne de pescado que estaba regada en el muelle, una de las aves más viejas lo vio y se le abalanzó encima tratando de picarlo con su pico afilado, por suerte Dani la vio a tiempo y corrió con tal rapidez que la gaviota no pudo alcanzarlo.

Se había escondido tras unas piedras sobresalientes, su corazón palpitaba tan apresurado que pensó que se le saldría del pecho, estaba realmente asustado, casi se lo habían comido.

El cangrejo se quitó el disfraz de algas que se había puesto y se sentó escondido, pero atento esperando a que se fueran las aves, si se apresuraba quizás llegaría primero que la ola ladrona.

La última de las aves alzó el vuelo y el muelle quedó vacío, él salió mirando para todos lados esperando que no hubiese nadie que se lo comiera, iba corriendo a toda velocidad quería llegar primero que la ola.

Estaba cerca de las sobras de carne cuando escuchó desde el mar un ruido tan fuerte como el trueno que lo dejó estático de miedo. Era la ola que venía desde el centro del mar y parecía que venía brava por algo, pues su rugido era tan temible que hasta las palmeras se doblaron de miedo.

El cangrejo tenía tanto miedo que no podía correr, casi no podía respirar y vio cómo la ola se levantaba cada vez más grande  hasta alcanzar las rocas más altas del muelle para luego arrojarse sobre ellas con todas sus fuerzas.

Dani cerró sus ojos luego de ver la ola inmensa que venía encima de él, seguramente lo aplastaría y se lo tragaría, ese seria su final.

La ola chocó contra las piedras haciendo temblar el suelo dejando escapar de sus entrañas un crujido que estremeció el corazón de todo aquel que lo escuchó.

Sus aguas se disiparon sobre el muelle dejando todo mojado.

El cangrejo se desmayó del susto, pero no estaba muerto, ni siquiera estaba mojado, parecía que la ola no lo había tocado, a pesar de que él estaba en el centro del muelle.

Dani despertó a los pocos minutos y pensó que estaba muerto, pero cuando calló en cuenta de que no era así salió corriendo a esconderse.

- Casi me muero aplastado, aunque no me tocó. – Pensó el cangrejo.

-¿Porqué no me tocó, si se iba a robar mi comida? ¡Quizás me tenga miedo!-Luego recapacitó y dijo:

- No creo que sea esa la razón.-

 Como el cangrejo era muy obstinado, salió de su escondite y se fue a paso seguro directamente a la orilla de la playa, allí gritó:

- ¿Porqué te robaste mi comida? ola ladrona, es que acaso no te conformas con todos los peces que tienes nadando en tu estómago.-

 Y entonces se escuchó una voz gruesa y potente, que desde el centro de la playa decía.

-Yo no te he robado nada, muchacho, ¿por qué dices que te he robado? 

-Claro que sí, cuando subiste hasta las rocas mas altas del muelle te llevaste mi comida.

-Pero eso no quiere decir que te he robado, no pensé que lo que había sobre el muelle te pertenecía. Te devolveré lo que  dices que es tuyo.-

 La ola se levantó nuevamente y luego de un estrepitoso rugido, cayeron sobre la orilla unos pedazos de madera, rocas, plumas, una vieja pipa de marinero y carroña mojada.

No todo esto es mío – Respondió Dani. – te puedes quedar con todo lo demás que no sea comida.

Realmente a mí tampoco me sirve de nada.- Dijo la ola.

Entonces, ¿para que te lo llevas?

Me lo llevo sin querer, solo son cosas que se pegan a mi piel y las arrastro conmigo. De no haberte visto a tiempo, encima en el muelle, también a ti te abría arrastrado.

Pudiste haberme matado.

Sería incapaz de hacer daño... bueno, al fin y al cavo, nunca tengo culpa de nada de lo que hago.- Respondió la ola disminuyendo la voz.

El cangrejo se le quedó mirando de forma interrogante, haciéndole ver, que tenía que ser más clara, si quería que él la entendiera.

La ola, que parecía no importarle si le entendía o no, se encogió de hombros y dijo:

-Haga lo que haga, sea bueno o malo, siempre será culpa de la naturaleza... y si es ella la responsable de mis actos, entonces nunca tengo la culpa de nada.

- ¿Qué?-  Dijo Dani mirándole como quien mira a un loco.- No entiendo nada de lo que dices.

- Claro que no lo entiendes, porque no eres una ola. Acaso pretendes tú que yo entienda las explicaciones de tus actos, si yo no soy un cangrejo.

- Eres la ola más loca que he visto.

- No soy loca, si sólo me preocupo en entender mis propias explicaciones, loca sería, si intentara entender las tullas sin comprenderme a mi misma.

- ¿Quieres decir que si somos diferentes no podemos entendernos?

- Creo que ya me estas entendiendo.

- Con sinceridad? No le entiendo.- Respondió el cangrejo acomodando sus lentes.

- Claro que sí, es solo que lo olvidas cuando dejas de ser ola.

- Nunca he sido una ola.

- Claro que si lo has sido, lo fuiste en el momento que me entendiste.

- Lo siento señora ola, pero creo que no nos estamos entendiendo.-

 La ola que parecía más bien una abuela regañona, agarró la vieja pipa de marinero que estaba al lado del cangrejo y se la colocó en la boca de ella.

- Muy bien muchacho, te voy a explicar para que me entiendas. -

Así la ola abrazó al cangrejo y pasearon a orillas de la playa.

La ola con una vos suave, pausada pero firme, dijo:

- Si yo quisiera comprenderte, no tendría más, que convertirme por un instante en cangrejo y te entendería.

- ¿Cómo harías para convertirte en cangrejo?

- Esa es la parte difícil, para que yo me pueda convertir en cangrejo, primero debo estar segura de que no lo soy y la única forma de saberlo, es entendiendo mis propias explicaciones.

- Creo que te entiendo, para poder entenderme debes convertirte en algo como yo, pero para poder hacerlo, primero debes comprenderte a ti misma para estar segura de quien eres.

- Creo que ya nos estamos entendiendo.- Respondió así la ola, sonriendo mientras fumaba su pipa apagada.

Cuando llegaron al otro lado del muelle, el cangrejo que muy poco había entendido de lo que la loca  ola decía, preguntó:

- ¿Por qué saltas tan alto para chocar con las rocas del muelle? ¿Acaso las rocas más altas son más blandas que las de abajo y no quieres hacerte daño?

- Con toda sinceridad, las rocas más altas son las más duras y son las que más daño me hacen cuando choco con ellas.

- ¿Entonces para que te arrojas sobre ellas?

- Yo no me arrojo sobre ellas, yo intento pasar por encima de ellas.

- Eso si es verdaderamente raro ¿Para que quieres pasar por encima de ellas?

- Sencillo cangrejo, para escapar del mar.-

El cangrejo le miró a los ojos interrogante.- ¿Para que quiere una ola escapar del mar, Si esa es su naturaleza?

- Pensé que me estabas entendiendo, pero me doy cuenta que no. Quiero escapar del mar, porque quiero ser otras cosas y comprender otras explicaciones.

- ¿Qué otras cosas quieres ser?- Preguntó el cangrejo Dani.

 - Quiero ser... – La ola quedó en silencio de nuevo, en el que sus ojos se cerraron pensativamente, luego continuó diciendo.

- Quiero ser el cielo.

El cangrejo casi suelta una carcajada, pero  conteniéndose dijo:

- ¿Para qué querría una ola ser el cielo?

- Por la única razón de que no entiendo sus explicaciones, no puedo comprenderlo, pues nunca he sido cielo.

- Hay muchas cosas que no comprendo y no pretendo convertirme en todo lo que no entienda, no me alcanzaría la vida para comprenderlo todo y a la final no me comprendería  ni a mi mismo.

- Creo que no me comprendes.-

 La ola miró las rocas altas del muelle y por sobre ellas el crepúsculo. Con sus ojos fijos en la inmensidad de sus sueños, continuó diciendo:

- No pretendo comprenderlo todo, tampoco pienso convertirme en todo cuanto no conozca, pero seré como el cielo... al fin y al cabo él tampoco tiene la culpa, haga lo que haga, sea bueno o malo no importa porque es el cielo y siempre ha de estar bien lo que él haga.

- Creo mi amiga ola, que no nos entenderemos nunca.

- Realmente amigo Dani creo que no, no sé cómo pretendí que me entendieras, si desde un principio me demostraste que no te entendías a ti mismo.

- ¿Por qué dices que no me entendía a mí mismo?

- Si te entendieras a ti mismo, no te hubieras conformado aquel día en el que no conseguiste comida y te marchaste sin importarte lo que había pasado.

- No tenía tanta hambre, eso es todo.

- Pensaste que cambiando la rutina, al despertarte más temprano, podías engañar el orden natural de las cosas y pasar por alto a las gaviotas que les toca saciase después de los pescadores.

- Nunca olvidé el orden de las cosas, solo quería adelantar los hechos.

- Realmente que tonta he sido – Respondió la ola con picardía escondida- al pretender que me entendieras, pues hasta ahora, solo has usado disfraces de algas para esconder tu frágil caparazón y tu corazón queda escondido tras el ropaje del temor que te causa el sentirte descubierto.-

 El cangrejo se quedó en silencio por un instante, en el que cerró sus ojos pensativos y dijo:

- Aún así querida amiga ola, aunque te entendiese, seguramente no te comprendería, porque definitivamente no soy ola ni tu un cangrejo.-

La ola sonrió y dijo:

- Creo que por fin nos entendimos en algo.

- En realidad quizás tengas razón en algo, soy temeroso, pero es ese el temor que nos mantiene vivos a nosotros los cangrejos.

- Vivir temiendo, no es vida mi pequeño amigo, te contare algo que me contó una vieja ola de mares lejanos...-

 La ola tomo su pipa como si la pudiera fumar a pesar de que estaba apagada, luego sin mirar al cangrejo señalando la inmensidad del mar. Empezó a contarle

-… y así fue creada la tierra, pero en ella no existía nada más que la arena, la lluvia y el sol.

  Con el tiempo comenzó a crecer  un pequeño arbusto que luego seria el árbol de la vida. Grande, robusto y frondoso, tan bello, como bello es vivir.

Sobre sus ramas fueron muchas las hojas que crecieron y luego como estrellas en el cielo mil flores, que luego fueron frutos culminaron su majestuosa belleza.

El tiempo pasaba y a medida que los frutos crecían, estos miraban hacia el suelo y aterrados por caer se aferraban con todas sus fuerzas a las ramas de aquel árbol. Era tal la fuerza con la que se aferraban, que aun después de muertos quedaban podridos en las ramas sin caer.

Pasaban su vida entera luchando por no caer al suelo, y durante generaciones al fruto que nacía se le enseñaba como debía aferrarse al árbol de la vida.

Pero una vez uno de ellos miró al suelo y no sintió temor, así que preguntó:

- ¿Por qué vivir así aferrados? -

Y de inmediato otro respondió:

- Que ingenuo eres, no sabes que este es el árbol de la vida y si te sueltas de él caerás al suelo y morirás.

- Pero de todas formas moriremos aferrados a él - Respondió el joven fruto.

Todos los demás le miraron y luego de un silencio rieron,  uno de ellos dijo:

- Son las Leyes muchacho.

El joven fruto enfureció al ver aquella burla e indignado volvió a preguntar:

- ¿Las Leyes de quién? Porque yo jamás he escuchado la voz del árbol de la vida.

Todos callaron de inmediato y le miraron con desprecio.

 Entonces  el joven fruto decidió soltarse.

Algunos gritaron despavoridos otros murmuraban:

- Ese fruto enloqueció.

Al caer chocó con las raíces salientes del árbol y rodó por una pendiente que mucho lo alejó de aquel árbol. Sintió temor, mucho temor y comenzó a experimentar cosas que nunca jamás había sentido y con el tiempo seria un pequeño arbusto que luego crecería robusto y frondoso y en sus ramas nacerían flores que luego serian frutos que caerían al suelo y así poblarían al mundo entero…

 La ola se quedo en silencio y volvió su mirada al cangrejo luego continuo diciendo.

- No puedes vivir temeroso, precisamente de eso se trata, de dejar a un lado el temor. Hay dos tipos de miedo; con el que se nace, que es aquel que nos da el instinto para protegernos y el aprendido que es aquel que nos limita y nos detiene, ese es el temor que debemos derrotar para poder enfrentar verdaderos retos y darle un sentido a nuestras vidas.

Mi vida tiene mucho sentido y poco riesgo.- Interrumpió el cangrejo- si no te arriesgas ni ganas ni pierdes.

Quizás tengas razón, pero si no ganas ni pierdes, simplemente estas fuera del juego, si no te arriesgas en la vida te aseguro que estarás perdiendo, perdiendo el tiempo que poco a poco se acaba… si no ganas ni pierdes es como si no estuvieras vivo.

No había pensado en eso, aunque de todas formas se acabara el tiempo como me acabas de decir en el cuento.

La Ola sonrió nuevamente al ver al cangrejo que ya asentía ante su palabra.

No entiendo como si eres solo agua te quieres convertir en cielo.- Dijo Dani.

- El agua es solo mi piel,- dijo la ola cambiando el tono de voz- así como la tuya es solo el caparazón, yo soy la ola, esa energía interna invisible que da forma y fuerza al mismo líquido que conforma los lagos, pero en donde no habitamos las olas. ¿O acaso tú eres solo ese caparazón, perfecto de la creación, pero triste vacío y frió como el lago?

 El cangrejo se quedo pensativo.

- Tienes razón, no soy este caparazón, el solo me cubre como el agua cubre tu verdadera naturaleza.

- No eres de lo que estas hecho, eres lo que le da forma y vida al material que te compone. La vida no es estar vivo Dani, es sentirse vivo, es hacer de cada instante un momento eterno, es ser temeroso solo por instinto pero romper con los miedos creados por tu propia conciencia.

- ¿Esa es la fuerza que te impulsa a querer ser el cielo?

- No, esa es la fuerza que te impulsa a querer ser algo más de lo que crees que eres, pues en realidad no te conoces y solo tienes una vida para conocerte, para comprender tus propias explicaciones y buscar otras que explicar.

Vivir sin conocerte, es vivir la  vida de otro ente  que quizás tampoco te conozca.

- Quiero conocerme, quiero entenderme, pero no se como.

- Es fácil, solo cierra tus ojos y búscate dentro de ti, mas allá del caparazón, del hambre y de todas las sensaciones de ese cuerpo que crees que conoces. Pues solo entiendes sus explicaciones y te aferras a sus temores, pero no te escuchas a ti mismo,  no te has buscado dentro de ese ser que es tu cuerpo, pero que en realidad  no eres tú  pues él  solo es parte de ti, uno mas de todos tus complementos, pero solo eso parte de ti.-

 El joven cangrejo con sus ojos cerrados tomo aire profundamente y con una respiración pausada se sumergió en su propio pensamiento. La ola sonriente con su pipa  le miraba como mira una madre orgullosa a su pequeño.

-Ya  puedo escucharme,- Dijo Dani -  pero no logro comprenderme, son muchas las cosas que oigo.

- Son tus inquietudes. Ahora solo necesitas conocerte, prestar atención a tus inquietudes y pedirle a tu cuerpo que te ayude a realizar tus sueños, los sueños que nacen de las inquietudes que llevas en lo mas profundo de tu ser.-

 El joven cangrejo retiro sus lentes.  Abrió sus ojos que ahora eran más brillantes y mirando con dulzura a la ola le dijo.

- Amiga ola, ahora si puedo entender tus obstinados saltos sobre las rocas.-

 La ola soltó tal carcajada que las gaviotas alzaron el vuelo asustadas adornando el brilloso cielo con el batir de sus alas.

 Montó en su espalda al cangrejo y lo llevo por la orilla de la playa a toda velocidad, Dani reía a carcajadas se sentía tan feliz como el niño del cuento que viaja en un caballo alado.

 Así la  vieja ola lo dejo nuevamente cerca de su agujero.

El rostro del cangrejo entristeció al comprender que la ola se iría aunque en su corazón había encontrado una gran felicidad que no comprendía del todo.

- Bueno mi pequeño amigo creo que ya es tiempo de irme.- dijo sonriente la ola.

- No quisiera mi buena amiga, pero entiendo que aun te queda mucho por hacer, muchas explicaciones que comprender, mucho por vivir.

- Mañana nos veremos nuevamente en las rocas del muelle, yo estaré allí para buscar mis sueños y espero que estés allí comprendiendo cuales son los tuyos.-

 Ambos se despidieron y el joven cangrejo se fue contento a su agujero.

 Al otro día, Dani despertó temprano ansioso por volver a ver a la ola, salio a toda prisa y al llegar al muelle vio allí a los pescadores que aun no habían partido. Se sentó bajo la sombra de un tronco seco desde donde podía mirar con claridad el trabajo de los pescadores que desembarcaban su pesca lanzando a las gaviotas los restos de pescado.

Las gaviotas esperando su momento tomaban sin esfuerzo el regalo de los hombres, y luego de saciarse levantaban el vuelo con sus gargantas llenas para sus crías, teniendo cuidado de dejar un poco de comida para los otros que continúan el ciclo. 

-El muelle quedo vació, sumergido en un silencio penumbral. Dani cerró sus ojos forzando la atención de sus oídos hacia el horizonte. Su media sonrisa se pronuncio una vez que escucho desde el centro del mar el estruendoso ruido que producía su amiga ola al acercarse a toda prisa al muelle.

El cangrejo salio corriendo y se escondió tras una hendidura en la roca desde donde escucho con claridad la risa alocada de su amiga que se acercaba a toda prisa produciendo un estrepitoso ruido.

Se hizo espuma el agua por un momento mientras retornaba  su cause escurriéndose entre las rocas.

Dani salio a toda prisa para saludarle, pero vio  allí a un hombre sentado a las orillas del muelle que miraba con curiosidad a la ola.

El hombre le hablo a la ola con sutileza y Dani se acercó para poder escuchar con claridad.

- Amiga ola - Dijo el hombre.- ¿porque quieres escapar del mar?

La ola no respondió nada, entonces el hombre levantándose para irse le dijo:

- Tú, que vives y moras bajo los rayos del flamante sol; tú, que en tus noches te cubres con el ropaje de las estrellas y es la luz de la luna tu fiel compañera; tú, que en tu vida llevas vida; ¿Realmente quieres tú escapar de tanta belleza?

La ola se acercó con suavidad y antes del que el hombre partiera y le dijo:

- Tú, que vives y moras bajo los rayos de Dios; tú, que en tus noches te cubres con el manto de tus sueños y son tus ilusiones tus fieles compañeras; tú, que en la vida llevas la vida de tu espíritu; ¿Te conformas tú al pensar que esa vida que llevas es realmente tu destino?...-

El hombre que no comprendía el lenguaje de las olas no pudo escuchar aquello que le decía, mas sonrió al escuchar el rugir de las olas al chocar con las rocas. Limpio sus ropas y se alejo sonriente.

 El joven cangrejo que había escuchado todo pensó. - ¡Que testaruda es mi amiga ola!

- Hola amiga ola – Grito con todas sus fuerzas. – buenos días, ese fue un bueeeen saltooo.

Tras la última o de su grito no hubo respuesta alguna, solo el crujir de las aguas al alejarse, y el sonido de las alas de las gaviotas en vuelo.

 Daniel bajo un  poco hasta  las rocas más bajas. Y acerco su oído  al agua.

- Buenos días Dani,- Dijo la ola con la voz sutil de los abuelos.

Daniel sonrió de alegría al ver a su amiga la ola quien se sacudía como luego de un chapuzón. – Veo que has despertado temprano hoy.

- Si le he estado esperando con ganas de charlar un rato.-

La ola sonrió y dándole la espalda para que este se montara tomo su pipa de marinero apagada y colocándola en su boca dijo:

- Sujétate fuerte, que hoy me siento con mucha mas fuerza que ayer.

Dani se sujeto con fuerza y ambos partieron a recorrer la playa.

Jugaban con entusiasmo dejándose acariciar por la fuerte brisa, esquivando los rompeolas a toda velocidad.

Al acercarse a la orilla para descansar luego de aquella agitada mañana, Dani le dijo a la ola mientras bajaba de su espalda:

- Me hace sentir muy feliz, soy afortunado de tener su amistad y poder compartir su sabiduría… Me ha enseñado a sentirme vivo.-

La ola asintió con una sonrisa y ojos tiernos  de abuela consternada.

- Le da alegría a mi corazón las bellas palabras que dices, pero en realidad eres tu quien me hace sentir viva a mi, pues solo en tu imaginación puedes comprender mi lenguaje, solo en tus ojos se ve mi sonrisa y en tus oídos mis testarudas respuestas. Pues así como te hablo a ti le he hablado al hombre que no comprendió mis palabras y que no logro mirar mi rostro, para él, solo soy una ola sin vida y nada más.

- Pero yo pude escuchar y entender tus palabras desde el principio sin mucho esfuerzo

Porque viniste a mí esperando una respuesta, venciendo el temor que pude haberte causado y convencido de que me escucharías, sin embargo no fue sino hasta ahora que has logrado comprender mis palabras.

Bueno en realidad no le he comprendido del todo, pero si puedo intentar ser ola por un instante para comprenderle con mas facilidad.

La ola sonriente continúo diciendo:

- Aunque aquel hombre lograra escuchar mis palabras y entender mi lengua, difícilmente me comprendería, muy difícil se le haría ser como una ola por un instante.

Para el hombre,  El universo es infinito, solo porque no cabe  en su entendimiento. El ser común se conforma con los límites de lo que puede comprender a través de sus sentidos y alejado de aquello que le causa temor, para alcázar el éxito mi amigo Dani, es necesario ver más allá de los sentidos y ser capaz de vencer los temores.

- ¿El éxito? ¿Que es el éxito?

- Es el logro individual que deseas alcanzar. Es proponerte una meta y lograrla venciendo los miedos. Es simplemente alcanzar la felicidad al superar tus retos.

- ¿Cómo saltar por encima de las rocas del muelle?

- Exactamente.

 El cangrejo se quedo pensativo, para preguntarle:

- Y luego de alcanzar esa meta que te has propuesto, y de lograr ser exitoso, que mas queda por hacer?

- El verdadero sentido que pueda tener una existencia exitosa es el continuar tras un éxito superior al que haz alcanzado, con mayores retos y otros temores que vencer.

 - Entonces nunca alcanzaras el éxito del todo.

- Más bien alcanzare la mayor cantidad de éxitos “posibles” individuales uno del otro, pero que me prepararan para alcanzar aquellos  “imposibles” que aun no he imaginado en mis metas.

- Como sabré cual es mi meta, cual es el éxito que pretendo alcanzar.

- Para eso debes buscar dentro de ti. Buscar esa luz que te da la alegría, tus sonrisas y hasta las tristezas. Aquello para lo que fuiste creado.-

El cangrejo entristeció y luego de un pequeño silencio dijo:

- No sé para que he sido creado.

 La ola conmovida por el rostro de su compañero le dijo con voz sutil:

- No entristezcas joven amigo, te contare algo:

 En una vieja casa, vivía un anciano muñequero.

En el sótano de aquel lugar, tenia un pequeño taller, en donde durante largos días realizaba sus muñecos con amor y dedicación.

Una vez, el anciano hizo un hombrecito de caoba. Dibujó así su rostro, sus ojos y su nariz, pero en lugar de su boca solo colocó un pequeño punto que no expresaba ni alegría, ni tristeza alguna.

Agotado ya el anciano por tanto trabajar, subió hasta su cuarto para dormir y así descansar.

Fue entonces, cuando aquella noche, cada uno de los muñecos que el anciano había creado, uno a uno comenzaron a despertar y en el laborioso silencio realizaban la tarea por la cual habían sido creados.

Tomaron así los caballeros sus lanzas, los soldaditos sus rifles, los arlequines sus cascabeles y las doncellas danzaban sin parar de reír.

Pero aquel joven hombrecito caminaba distraído sin saber que hacer, pues no tenia en su mano ni lanzas, ni rifles, ni cascabeles y en su rostro no existía sonrisa alguna.

Desilusionado entonces aquel joven por la vida que llevaba, le invadió la tristeza y penaba su corazón.

 Pero su tristeza quedó ahogada por las palabras que a su espalda sonaron diciendo:

No entristezcas más joven amigo, pues aún eres muy Joven para entender…

El hombrecito volteó de inmediato su mirada y vio allí un viejo muñeco que en su mano empuñaba un báculo y sin mirarle si quiera señalaba hacia arriba y continuaba diciendo:

Allá arriba en aquel cielo hecho del mismo material que nuestros corazones, mora nuestro creador, y él vendrá nuevamente cuando estés en sueños, mirará en tus ojos y colocará en tu mano la herramienta que sueñas en tu vida tener, luego escuchará con atención tu corazón y pensativo dibujara en tu rostro con su pincel, tristeza o alegría de acuerdo a lo que diga tu corazón. No llores más joven amigo que allá arriba en nuestro cielo de madera vive y mora el fabricante de sonrisas, sueños y tristezas…-

  Dani miraba a la ola con ojos vidriosos y una media sonrisa. La ola sonriente continuó diciendo:

- Hay cosas que simplemente van dentro de nosotros desde el momento en el que somos creados, solamente debemos buscar en nuestro interior aquellas pinceladas que nos brinden alegrías y que nos impulsen a forjar el camino que debemos seguir para alcanzar aquellas metas que hemos creado en nuestro sueño.

- Suena bonito, pero es difícil de lograr.

- De eso se trata, que no sea sencillo saber cual es tu meta, que la curiosidad te conduzca a experimentar alcanzando diversas metas hasta acertar con aquella que alegre tu corazón.

Debes descubrir por ti mismo cuales fueron las herramientas y pinceladas que dibujo el creador en tu corazón para así poder realizar tus verdaderos sueños y alcanzar tus mas lejanas metas.-

 Dani se quedo pensativo mientras intentaba comprender aquello que su amiga le contaba.

 La suave sombra del atardecer arropo con lentitud la orilla de la  playa.

- Bueno mi joven amigo ya es tiempo de irme, la marea no tarda en subir y eso haría mas pesado el camino de vuelta.-

 El joven cangrejo le miro con resignación y dijo:

- Hoy he aprendido otra lección igual que ayer, mañana te esperare nuevamente amiga ola y así podremos conversar sobre aquellas nuevas metas que pretenderemos alcanzar.

La ola sonrió y luego de abrazarlo con cariño dijo:

- Aquí estaré mañana como he estado hoy y como estuve ayer, solo que mañana estaremos los dos más preparados para realizar nuestras metas y alcanzar nuestros sueños.-

 Así se despidieron, el cangrejo que usaba lentes oscuros y la vieja ola que quería ser cielo.

 Desde entonces la ola continúa chocando contra las rocas más altas del muelle en el Paseo de la Cruz y el Mar en Puerto la Cruz, teniendo cuidado de no arrastrar la carroña que dejan las gaviotas a los cangrejos, y el cangrejo espera su turno para comer y poder dar un paseo en la espalda de la sabia ola.


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